MINDFULNESS: La atención plena cambia el cerebro y la vida diaria

La meditación lleva siglos practicándose en distintas culturas, pero no siempre se ha entendido del
mismo modo ni se ha hecho con el mismo objetivo. Estanislao Bachrach, doctor en biología molecular y
divulgador, lo explica a partir de un giro histórico que sigue marcando la forma en la que hoy se habla de
mindfulness.


Según recuerda el doctor en una entrevista en El Confidencial, “cuando Buda, hace 3500 años, cambia
la forma de meditar”, lo que introduce es un tipo de práctica centrada hacia dentro, conocida como
meditación Insight, donde la atención se posa en un único punto concreto, ya sea la respiración, las
sensaciones del cuerpo o incluso los pensamientos que van apareciendo.


Bachrach insiste en que el núcleo de ese entrenamiento no está en analizar lo que pasa, sino en
observarlo con calma. “Lo importante es estar atento a una sola cosa, sin juzgar qué está pasando, sin
tener que analizarlo”, señala. La idea es notar un pensamiento, reconocerlo y dejarlo ir sin quedarse
atrapado en la rumiación.


En lugar de discutir mentalmente con lo que aparece o intentar cambiarlo, se practica la atención
sostenida. Para él, esta lógica es la base de lo que hoy se conoce como mindfulness y explica por qué la
meditación se ha convertido en una herramienta tan extendida en contextos de bienestar emocional.

Cambios en la consciencia y el cerebro con mindfulness


A partir de ahí, Bachrach plantea que “cuando uno medita, está cultivando su consciencia”, y añade que
ese cultivo no es solo una metáfora. En su opinión, al entrenar la atención de forma repetida, “empiezan
a haber muchos cambios en la función y en la estructura del cerebro”. Ese proceso, sostiene, hace que
la persona tenga “muchísima más información del cuerpo” y empiece a tomar decisiones distintas en su
vida cotidiana.


Uno de los puntos que Bachrach destaca con más interés es lo que ocurre en una zona concreta del
cerebro. “Un área que en particular me gusta mucho, que se fortalece un montón, es el córtex prefrontal
izquierdo”, explica, señalando que se trata de la parte frontal izquierda de la cabeza, vinculada a varias
funciones clave.


Entre ellas, menciona una especialmente relevante para el bienestar: la capacidad de sostener
emociones agradables durante más tiempo. Lo expresa con un ejemplo fácil de entender: “sentirse bien
mucho tiempo”, “estar bien” y también “hablarse bien”, algo que conecta directamente con la manera en
que cada persona se trata a sí misma cuando las cosas no van como esperaba.


Cambiar la relación con los pensamientos gracias al mindfulness


El mensaje de fondo no apunta a eliminar las emociones incómodas ni a vivir permanentemente en
calma, sino a cambiar la relación con lo que ocurre dentro. Para Bachrach, al observar los pensamientos
sin engancharse, se reduce la tendencia a quedarse atrapado en bucles mentales, y eso libera energía
psicológica.


De ahí su conclusión, formulada casi como una consecuencia lógica: “cuando uno, más feliz por más
tiempo, se siente mejor, con lo mismo exacto que tenía antes”. No hace falta que cambien las
circunstancias externas para que cambie la experiencia interna; lo que cambia es la forma en la que se
habita el día a día.


Es una práctica antigua que hoy se revisa desde la ciencia y el bienestar con una idea muy concreta. No
se trata de vaciar la mente, sino de entrenarla para estar presente, reconocer lo que aparece y elegir
con más claridad qué hacer con ello. Y, según él, esa repetición, sostenida en el tiempo, termina dejando
huella también en el cerebro.

Puedes leer el estudio completo: https://www.vanitatis.elconfidencial.com/vida-saludable/2026-01-03/meditar-cultivar-conciencia-cambios-corteza-cerebro-funciones-1qrt_4277603/

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